En mi fin está mi principio

Olafur Eliasson: Addis compass (2016)

Para poder ser quien aún no eres
debes seguir el sendero en que no estás.
Y sólo sabes lo que ignoras
y lo que no tienes es lo que tienes
y estás donde no estás.

El 17 de agosto del año 2006 publiqué la primera entrada de este blog. Un mes antes había terminado la carrera y encont este lugar para escribir sobre aquellos temas que me interesaran, creando un cuaderno personal y público a la vez donde comunicar noticias, apuntes e inquietudes. De algún modo, quería seguir descubriendo y aprendiendo.

Con el tiempo fue transformándose, ampliándose, mudando de aspecto... cambiando como la propia vida. Paralelamente fueron surgiendo otros espacios y ocasiones dónde escribir. Ahora, diez años después de su creación y con 180 entradas publicadas, me pareció apropiado darle término, con el deseo de que todo lo anotado quedara como testimonio de este proyecto compartido.

En varios textos anteriores traté el tema de los comienzos, un asunto recurrente en el oficio de arquitecto que siempre he considerado muy atractivo. Y, aunque pueden suceder muchos comienzos que no tengan un final, no existe un final sin un comienzo: ambos están irremediablemente ligados. Hace poco, en la defensa de una tesis que recuerdo con especial cariño, el ahora doctor recordó unos versos de T. S. Eliot que me ofrecieron una buena manera de terminar este recorrido, iniciado hace una década con otras palabras prestadas.

Lo que llamamos el principio es a menudo el fin
Y llegar al final es llegar al comienzo.
El fin es el lugar del que partimos.

T. S. Eliot, «Little Gidding», en Cuatro Cuartetos (1942)

Graduación


«Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas.»
Herman Hesse, El lobo estepario

Vivir los años como cursos conduce a relaciones extrañas con el tiempo. La magia de los comienzos se diluye en su mecánica repetición: las mismas formas, las mismas dudas, los mismos procesos que garantizan su continuidad. Solo en ocasiones aparece un gesto, una sonrisa, una timidez imprevista que desata la grandeza del universo que nace.

Resulta fascinante recorrer —con la melancolía de la retrospectiva— esos «pequeños grandes» universos: cada tutoría, cada encuentro, cada dibujo. Se construyen con la incertidumbre y lo inesperado, con las recomendaciones y las discusiones, con el entusiasmo y la ausencia. Se atesoran como los libros —propios y prestados— más queridos de la biblioteca.

Y más allá de los vestigios conservados en carpetas, la mayor riqueza es la propia vivencia, lo que ha permitido alejarse de las pautas y los presentimientos; lo que ha permitido descubrir, aprender y compartir juntos; lo que hace cada universo único e irrepetible. Ahora llega la emoción del final, donde se mezcla la alegría festiva del triunfo con la amargura de las despedidas. 

La belleza de ese universo, creado y perdido, permanece intacta, mientras el tiempo, con su extrañeza, sigue su curso. Como un sueño, como un suspiro, se desvanece... o permanece, como esa canción imborrable en la memoria, tan hermosa y sincera que sigue sonando eternamente, acompañando hasta un nuevo comienzo.

Sin palabras


El libro de Jasper Morrison A world without words recopila una serie de imágenes escogidas por el autor con el único acompañamiento textual de cada título. Usos dibujados y esquemas reales, objetos míticos y cotidianos, arquitecturas eternas y efímeras... La riqueza del significado reside en la capacidad de evocación de cada ilustración y del diálogo que se quiera establecer con su compañera de pliego.

Las fotografías, apuntes visuales de un espacio de trabajo, un estudio o taller, se presentan como momentos de evocación para el proyecto, un lugar desde dónde comenzar viajes y conexiones. Es entonces cuando surgen las palabras, llenando el mundo compartido. Para Morrison, lo mejor del trabajo es «la atmósfera del estudio, el proyecto, las discusiones».

Al finalizar un periodo, más allá de las palabras permanecen las imágenes. Y más allá de las imágenes están las personas que te han acompañado. Son las que llenan y engrandecen ese mundo de dudas e ilusiones. Y las que lo transforman.

Por un año nuevo inspirador y lleno de proyectos.

Imagen: La oficina de la Central European Express, proyectada por Ernö Goldfinger en 1927 es una de las imágenes del libro.

Estrellas


«¡Rápido! Encended las estrellas antes de que se fundan los plomos», escribió Aldo van Eyck en el año 1959, en pleno debate sobre los caminos que debería tomar la arquitectura moderna. Un momento difícil, complejo y, al mismo tiempo atractivo, dónde los protagonistas manifestaban a través de su obra, acompañada de escritos, bocetos y reflexiones, las dudas e ilusiones sobre el futuro, y sobre su capacidad colectiva de cambiarlo.

Después de un tiempo de trabajo toca cerrar los libros, devolverlos a estanterías y bibliotecas. Retomar las lecturas pendientes y las descubiertas. Entre ellas, una cercana, me recuerda el inicio del viaje hasta donde acaba la tierra, para comprender allí «que Galicia no es el fin de la tierra sino el centro del mar». Idea que refuerza aquella tesis de Cunqueiro que definía Galicia como  «una tierra que tiene la cabeza donde termina el mundo conocido y que tiene los pies en el río del Olvido. Realmente no puede haber país más extraño, no puede haber país que esté más lejos, y que desde más lejos venga a entrar de un modo u otro en la gran historia de la humanidad». 

Releyendo las páginas resulta relevante observar la presencia del mar en todo el trabajo. Y de una manera de navegar en su historia: entender el proceso desde el detalle, para liberarse de las visiones panorámicas previas y plantear un recorrido nuevo y razonado. Buscando que lo más cercano, lo más familiar, se convierta en lejano y distante —en universal— y lo remotamente lejano se vuelva próximo y accesible —en concreto—. Ir descubriendo esas estrellas que se fueron encendiendo, cuya luz, siendo remota, está tan próxima a la que ansiaba van Eyck.

Imagen: Julian Opie, Distant Music Water Traffic (2000)
 

Conexiones


Cuando relata la contemplación de las estatuas de Federico Guillermo III y la reina Luisa en el Tiergarten berlinés durante su infancia, Walter Benjamin afirma: «Yo no me dirigía a los monarcas, sino a sus pedestales, dado que las cosas que ahí sucedían se encontraban más cerca en el espacio, aunque su conexión fuera imprecisa». En otro texto reitera la idea de observación certera y próxima en contraste con una mirada distante y general

¿Habéis oído mencionar alguna vez la Exposición Universal de París, de la que se habló en toda Europa en el año 1900? En todas las postales que se hicieron por aquel entonces con motivo de la Exposición se veía, al fondo de la ciudad de París, una gran noria mecánica con dieciséis cabinas con bisagras móviles. Esta noria giraba lentamente, la gente iba situada en las cabinas y contemplaba a sus pies la ciudad, el Sena y la Exposición hasta que se mareaban debido al doble movimiento, la oscilación de las cabinas en las bisagras y el giro de la gran noria. 

Escoger un objeto inmediato y profundizar en su análisis ofrece una serie de ventajas al observador: Le permiten desarrollar un modo de estudio, concentrar las experiencias, aprovechar mejor los recursos y las herramientas. Michel Foucault, en su libro Las palabras y las cosas —que comienza con el múltiple juego de miradas ofrecido por Las Meninasse detiene en las fracturas y las discontinuidades como método para una arqueología del saber visual. Son los vacíos, los intersticios, los que permiten establecer diálogos y discursos:

Quizá porque entre sus surcos nació la sospecha de que hay un desorden peor que el de lo incongruente y el acercamiento de lo que no se conviene; sería el desorden que hace centellear los fragmentos de un gran número de posibles órdenes en la dimensión, sin ley ni geometría, de lo heteróclito; y es necesario entender este término lo más cerca de su etimología: las cosas están ahí «acostadas», «puestas», «dispuestas» en sitios a tal punto diferentes que es imposible encontrarles un lugar de acogimiento, definir más allá de unas y de otras un lugar común.

Foucault propone trasladar el conocimiento al soporte inmediato, al «pedestal». No sólo serán los objetos aislados, sino las múltiples y variadas conexiones que se establezcan entre ellos, las que permitan dar el salto de lo local a lo universal. Conexiones, enlaces e hipervínculos que nos permitan construir y alcanzar el conocimiento.

Que el año que comienza nos ofrezca nuevos encuentros.

Imagen: Pedestal de la estatua de Federico Guillermo III en Berlín (Flickr)

Maquetas


A Hugo y Alberto, compañeros de oficio a todas las escalas.

La inauguración en la Fundación Barrié de A Coruña de la muestra Compañeros de Oficio, comisariada por Pedro de Llano, permite hacer un recorrido por algunas de las obras maestras de la arquitectura del siglo pasado. Un viaje que se articula a través de textos, fotografías, planos y un conjunto de maquetas que posibilitan superar la percepción bidimensional y comprender mejor la espacialidad de los casos escogidos.

Se trata de maquetas con un claro componente analítico, que se alejan de la visión y los acabados realistas para aportar un conocimiento mayor de las intenciones y cualidades del proyecto. Constituyen el ejemplo perfecto de la maqueta como herramienta de indagación, búsqueda y análisis, y manifiestan su capacidad, no sólo de representación, si no de construcción virtual del proyecto, papel que han tenido históricamente y que se ha ido perdiendo en los últimos años debido a la popularización de los modelos virtuales generados por ordenador. 

El diseñador finlandés Tapio Wirkkala subrayaba la importancia de esta herramienta dentro de su proceso creativo: «La producción de la maqueta es un aspecto esencial en mi trabajo y la hago a partir de un material macizo. No hago solo una, sino varias maquetas que puedo comparar para, más tarde, seleccionar una y continuar trabajando en ella. De esta manera la idea se vuelve más clara y los errores más visibles». 

Quien visite la exposición se dará cuenta del valor de la maqueta como experiencia extensible a los sentidos más allá de la vista. Incluso en la era de las imágenes múltiples y onmipresentes, las maquetas son una ayuda incomparable en el proceso proyectual del arquitecto o del diseñador, como recuerda Juhani Pallasma en su ensayo La mano que piensa: «La maqueta tridimensional habla a la mano y al cuerpo de un modo tan potente como al ojo, y su propio proceso de construcción simula el proceso de construcción real».

Auténtica arquitectura a escala, la maqueta física no sólo debe enfrentarse al evidente problema del material y de la estructura, si no que debe atender a temas tan reales como costes, mantenimiento o vida útil, demostrando la vigencia de la triple componente vitruviana: solidez, utilidad y belleza, aún en dimensiones reducidas.

Por eso fue utilizada como herramienta fundamental de proyecto desde la antigüedad y, por eso, arquitectos contemporáneos como Álvaro Siza, Kazuyo Sejima o Peter Zumthor —todos presentes en la exposición— demuestran todavía su validez como ensayo e indagación. Una búsqueda también presente en las maquetas que analizan su trabajo y lo muestran de un modo sensible y atento, constituyendo, en sí mismas, un interesante proyecto y un riguroso oficio.

Imagen: Mies van der Rohe estudia la maqueta de las fuentes del Seagram (Fotografía de Frank Scherschel)

Liebster


Hoy me he encontrado con una pequeña sorpresa: María y Borja me han concedido un premio Liebster. Este galardón tiene un valor especial, pues se otorga desde un blog a otro para reconocer su interés y dar un impulso a aquellos que están empezando. La aceptación de este premio supone recomendar cinco blogs que para mí hayan tenido esa misma significación. Mi primera recomendación sería su propio blog, un espacio dónde se pueden descubrir sus maravillosas creaciones pero, como ya lo he hecho anteriormente, añadiré mi selección, agradeciéndoles de nuevo todos los proyectos compartidos —incluyendo ahora esta propuesta— y el cariño y la ilusión con que los transmiten.

Precisamente, participando de ese espíritu ilusionante que desprende el premio, mis cinco recomendaciones están dedicadas a cinco blogs cuyos creadores me han inspirado y me han revelado muchas cosas. Sobre todo, me han hecho sentir partícipe de un lugar de intercambio común con sus aportaciones, comentarios y descubrimientos. Así que mi agradecimiento por el premio se extiende también en un sincero reconocimiento al trabajo de estos compañeros y —creo que se puede decir— amigos. 

A Andrés, porque es tan buen profesor que quiere seguir aprendiendo. 

A Isabel, por tantas inquietudes, silencios y reflexiones compartidas. 

A Begoña y David, porque sus imágenes siempre tienen detrás una historia. 

A Xulio, Ramón y Noemí, porque además de un blog es un proyecto magnífico. 

Finalmente, a Sonia, porque —aunque nunca se lo haya dicho— ha sido una de las primeras y mejores inspiraciones para que ahora esté escribiendo esto.

A todos: gracias.

Aniversario


Tal día como hoy, en el año 2006, iniciaba este blog recogiendo un texto de Olafur Eliasson, dónde reflexionaba sobre la intencionalidad y el movimiento en la sociedad contemporánea: «Todo está inmerso en un proceso, todo se mueve, a mayor o menor velocidad, y todo está teñido de intencionalidad».

Ese año finalicé los estudios de arquitectura con un proyecto de museo de arte contemporáneo. Cuando lo estaba terminando, tuve la suerte de encontrarme con una pequeña instalación en el Centro Galego de Arte Contemporánea que ayudó a definir o, más bien, a concretar la precisa indefinición que buscaba. Su autora era entonces estudiante en la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra, y me facilitó atentamente su trabajo para incorporarlo como parte de la memoria del proyecto.

Han pasado seis años y 125 entradas. Un tiempo en el que este blog ha ido creciendo, transformándose y, poco a poco, encontrando su propio camino. Aquel proyecto cerraba un periodo y abría otro nuevo dónde se volvía tan importante —o quizá más— seguir reflexionando y aprendiendo día a día. Aquella prometedora alumna también ha ido creciendo; ha seguido trabajando en la difícil y apasionante tarea de unir creación e investigación y, hace pocos días, defendió su Tesis Doctoral con un magnífico resultado.

Al leerla he descubierto la importancia del movimiento en la creación contemporánea: «Las cosas se mueven escribe la ya doctora Basta una mirada alrededor para ver cómo todo está en continuo movimiento: las nubes se desplazan, las hojas se dejan caer de los árboles, el viento hace ondear la ropa tendida, los peces recorren en sucesivos círculos su pecera... y nosotros mismos también nos movemos».

También nos movemos año tras año creando y escribiendo. Para celebrar el aniversario del blog quería recordar ese inicio. Mirar hacia atrás para saber cuánto hemos caminado. Pensar hasta dónde queremos llegar y, sobre todo, agradecer que no sea un camino solitario. Sumar al agradecimiento de hace seis años la felicitación por haber obtenido ahora el título de doctora y compartir la ilusión por los proyectos futuros.

Hace poco encontré otro texto de Eliasson titulado precisamente Tu movimiento sentido. Un fragmento dice: «Cuando veo a alguien danzar, danzo con él dibujando los contornos de un espacio. Mirar el movimiento es sentir el tiempo, experimentar la duración». Y finaliza con el mejor deseo para un aniversario: «No pares».

La elaborada imagen que ilustra esta entrada se explica perfectamente aquí.

Silencios


Hace un tiempo, en otro lugar, se decía que hacer aflorar las huellas de uno de los creadores más notables del siglo pasado, no era una tarea fácil. Y que Jesús de la Sota, dibujante, pintor, fotógrafo, diseñador de objetos y de ambientes, parece que siempre quiso pasar desapercibido, no llamar la atención, en definitiva, difuminarse entre sus contemporáneos. 

Hoy, cincuenta años después de la única muestra individual que realizó en vida, se inaugura la exposición Silencios y ritmos. Pinturas de Jesús de la Sota (1955-1961) en la galería José de la Mano, un merecido homenaje al trabajo constante e incansable de un autor que siempre se mantuvo en un discreto segundo plano. Desde allí no se obligó a encontrar soluciones espectaculares ni extraordinarias y, sin embargo, su obra demuestra una continua audacia y una modernidad todavía vigente.

En el catálogo de la muestra, Alina Navas afirma que Jesús fue siempre un pensador de espacios, un architetto mancato. Tanto en su colaboración con diversos arquitectos como en su propia obra fue capaz de demostrar que para hacer auténtica arquitectura moderna no era necesario poseer un título. Se puede construir con silencios.

Imagen: Pájaros de Jesús de la Sota (1957)

Casa soñada


Nos gustaba la casa porque aparte de espaciosa y antigua (hoy que las casas antiguas sucumben a la más ventajosa liquidación de sus materiales) guardaba los recuerdos de nuestros bisabuelos, el abuelo paterno, nuestros padres y toda la infancia.
Julio Cortázar, Casa tomada

En la sede del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia en Santiago de Compostela se ha expuesto Spanish Dream, un proyecto de Cadelas Verdes —Tres jóvenes arquitectas: Ana Amado, Marta Marcos y Luz Paz— que propone una reflexión crítica sobre la crisis económica y sobre alguna de sus inmediatas consecuencias.

Tomando con referencia el ansiado American Dream, el deseo popular de adquirir una vivienda generó y legitimó un modelo social basado en la producción indiscriminada, amparado por la especulación bancaria. Al despertar, el sueño se ha tornado en una pesadilla que deja un territorio repleto de casas sin terminar, y con escasas expectativas de hacerlo.

Los personajes de Spanish Dream son los habitantes de ese paisaje en ruinas. Ruinas prematuras o ruinas «al revés», como llamaba Robert Smithson a aquellas ruinas sin memoria que se encontraba al caminar por Passaic, y que habían alcanzado ese estado antes de finalizarse su construcción. El proyecto recrea escenas domésticas cotidianas en fríos espacios inacabados. Las familias toman unas viviendas que desean hacer suyas para convertirlas en hogares.

Hace veinte años, cuando el escenario actual era algo todavía lejano, el fotógrafo Peter Menzel realizó el proyecto Material World. Como reacción al consumismo imperante en el primer mundo, Menzel se propuso mostrar a varias familias de clase media con todas sus posesiones materiales desplegadas en el exterior de su hogar.

En cierta manera, las fotografías de Menzel reflejan la inutilidad de la arquitectura para crear un hogar. La vivienda es la medida de la vida que aloja. Cada inventario doméstico explica su organización familiar, su cultura, sus anhelos... mejor que una arquitectura fabricada en serie... La casa es lo de menos. Y, sin embargo, tomar la casa pasó a convertirse en el sueño más deseado.

Cómo explican sus autoras, «Spanish Dream alude especialmente a lo emocional, recreando escenas familiares en espacios de obras sin terminar con un aspecto poco doméstico que probablemente nunca llegará a tenerlo. El proyecto propone la reflexión sobre una sociedad que, arrastrada por el afán de convertirse en propietaria, olvidó el verdadero sentido del habitar».

(Fotografía: Ana Amado)

Orfandad

I. DÍAZ PARDO, Muller que se propón facer o que di Confucio, (2004)

Ultimamente nos dejan muchos, y de los buenos: Joaquín, José Antonio, Gerardo... y hoy Isaac.

Aunque nunca llegamos a conversar, la noticia de su fallecimiento llega estudiando su trabajo, revisando su único y gran proyecto —como los medios se han apurado en recordar— que siempre fue Galicia. Al dejarnos una persona como Isaac, otras palabras sobran. Basta sólo con citar algunas de las suyas:

Nunca fui persona violenta. Tampoco conformista. Había que combinar prudentemente la dignidad y el compromiso con los ideales.

Entrevista en El Correo Gallego, 10.12.2011 

Pero a mí no me gusta hablar de estas cosas; hay que recordarlas, pero no pueden interrumpir el futuro. Es necesario recuperar la memoria, porque lo que se hace sin memoria constituye un mundo falso. Pero eso no quiere decir que deba haber una revancha. ¡Se recupera la memoria para que todo quede en su sitio!

Entrevista en El País, 27.11.2006 

Sabemos más del neolítico gallego que de la historia que tenemos a la vuelta de cuarenta años.

Introducción a la serie «Documentos para la historia contemporánea de Galicia» de Ediciós do Castro.

Cuando, a finales de los sesenta, la arquitectura moderna perdió a sus grandes maestros, Alejandro de la Sota escribió un artículo que tituló «La grande y honrosa orfandad» y que terminaba diciendo:

No fue de su época y es de quienes ahora trabajen en serio el profundizar en la terrible diversificación de esfuerzos pequeños y mezquinos con resultados tan grandes en mezquindad y pequeñez; con la paz de los maestros que se fueron y que tuvieron, pensemos en ello, sabiéndonos honrosos huérfanos llenos de posibilidades con su recuerdo; como antes ellos, hoy los que sigan y con nuestras «crisis».

Alejandro de la Sota: «La grande y honrosa orfandad». Arquitectura 129, septiembre de 1969

En una de las últimas entrevistas que concedió Isaac, a la pregunta de cómo contemplaba el pasado, respondió: 

Ya no tengo tiempo para mirar hacia nada de aquello... Tengo tantas cosas encima de la mesa y tanto que mirar del presente…

Entrevista en El Correo Gallego, 10.12.2011 

Aún huérfanos, seguiremos recordando.

Tiempos próximos




Como viene siendo habitual por estas fechas, la Fundación Caja de Arquitectos ha publicado su calendario para el próximo año, en esta ocasión dedicado al arquitecto Francisco de Asís Cabrero (1912-2005), al cumplirse el centenario de su nacimiento.

La efeméride me ha recordado cuando, hace precisamente diez años, en diciembre de 2001, tuve la oportunidad de visitar, junto a dos excelentes compañeros de carrera y de viajes, y gracias a la amabilidad de Santiago Cabrero —hijo del arquitecto—, las viviendas que había proyectado para su familia en la urbanización madrileña de Puerta de Hierro.

Recorrer las casas y el estudio del arquitecto —ya muy mayor entonces— en aquel frío y soleado invierno nos enseñó mucho más sobre arquitectura que las clases y los libros vistos hasta el momento. Nos enseñó a ver, a viajar, a abrir los ojos como había dicho Le Corbusier.

Cabrero dedicó los últimos años de su vida a un gran proyecto, un proyecto que nunca se edificaría: sus Cuatro Libros de Arquitectura. Al modo de los tratados clásicos, recopiló todo aquello que le había interesado a lo largo de su carrera, empleando el viaje como método de conocimiento: «Viajo para comprender», decía.

Hoy, una década después de mi primer viaje de estudios, y después de otros muchos realizados para conocer las historias que dan sentido a esas casas y a otras obras del mismo período, sólo queda desear que toda meta, todo final, se convierta siempre en el principio de un nuevo viaje.

Por ello, feliz final de 2011 y mejor comienzo de 2012.


Gerardo Salvador Molezún

Gerardo Salvador Molezún y José Ramón Menéndez de Luarca: Fundación del Canal de Isabel II, Madrid

Cuando me preguntan acerca de lo más valioso que he encontrado a lo largo de estos años de estudios sobre la segunda modernidad, siempre respondo: «las personas». Gracias a mi investigación he tenido la oportunidad de conversar con notables arquitectos, historiadores, delineantes, archiveros... que me han aportado su visión directa sobre todo el proceso. Muchas veces es la propia familia del autor quién ofrece su testimonio complementario, enriqueciendo todavía más los hallazgos.

Conocí a Gerardo Salvador Molezún hace poco más de un año. Antes me habían hablado mucho sobre él: Pilar Rivas en el Servicio Histórico del COAM; compañeros y amigos suyos como Rafael Baltar o Estrella Medina. Pero no fue hasta el verano del 2010 cuando nos reunimos en Oleiros para conversar sobre la obra de su tío, Ramón Vázquez Molezún y sobre sus trabajos conjuntos.

Recuerdo en detalle aquella tarde: El encuentro en Bastiagueiro, el paseo hasta Santa Cruz de Mera, la precisión y el cariño con el que recordaba sus proyectos mientras el sol caía sobre el puerto coruñés. Terminamos hablando de su familia, de lo mucho que había aprendido de su tío y de cómo su hija había continuado con la tradición familiar de dedicarse a la arquitectura.

Hace unos días, Madal —hija del pintor que compartió con él aquel pensionado doblemente gallego en la Academia de España en Roma— me informó de su fallecimiento. Coincidió con la lectura de un artículo sobre la redacción de necrológicas, dónde el autor defendía que «por su propia esencia, deben escribirse en caliente, lo que se hace despues son estudios, ensayos, homenajes, algo en todo caso diferente y que corresponde a otros géneros».

Decidí enseguida transformar su recuerdo en palabras, dejando constancia de su valiosa aportación en mi investigación. Una aportación que se suma a la de otros muchos nombres, a los cuales me gustaría homenajear con la conclusión del trabajo. Después de todo, las obras pueden sobrevivir, transformarse o desaparecer, pero las personas son irremplazables. 

Feria del Libro


La Feria del Libro de Coruña tuvo este año dos momentos especiales para mí: el pasado miércoles tuve la oportunidad de presentar allí el libro Las Universidades Laborales gallegas y ayer pude asistir al encuentro literario sobre Cronotemia y charlar con José Carlos Somoza, uno de mis escritores de ficción favoritos.

Cuando el libro sobre las Laborales gallegas vió la luz hace unas semanas, comuniqué a los editores el deseo de que fuera presentado en la Feria del Libro de mi ciudad natal. Poco tiempo después veía cumplido ese deseo, acompañado de José Ramón Alonso Pereira –catedrático de la Universidad de A Coruña y autor del prólogo– y de José Manuel López Mihura, Presidente de la Delegación de Coruña del Colegio Oficial de Arquitectos de Galicia.

En la presentación recordé el nacimiento de este proyecto que me ha acompañando durante los últimos cuatro años, y transmití mi agradecimiento a todas aquellas personas que, de una manera u otra, ayudaron a que saliera adelante. Terminé explicado la razón de la dedicatoria del libro «a mis maestros» y la importancia que los diferentes maestros habían tenido a lo largo de mi vida.

Para acabar la semana, José Carlos Somoza acudía a Coruña acompañado de Patricia Esteban Erlés, Félix J. Palma y el editor Fernando Marías para presentar Cronotemia, un conjunto de relatos sobre viajeros y viajes en el tiempo. Además de disfrutar de sus narraciones en vivo, pudimos compartir unas palabras al finalizar el encuentro. Quedará, como escribió Félix en la primera página de su historia, el «recuerdo de una agradable tarde al calor de la literatura».



Tres historias útiles


Pavimento de la plaza de San Pedro en Roma. Imagen de Flickr.


Entre las lecturas de verano se han situado tres historias útiles. Tres ejemplos perfectos de que la Historia, con mayúsculas, puede y debe servir para entender el presente y proyectar el futuro. Siempre me han gustado dos metáforas que provienen, además, del mismo profesor: Una es la Historia como espejo retrovisor que sirve para, mirando al pasado, viajar hacia delante con mayor seguridad. La otra es asimilarla a una pértiga, en la que apoyarse para llegar más alto, de un modo más preciso.
 
Sus títulos, El Sur. Historia de un punto cardinal, Las buenas ideas. Una historia natural de la innovación y Negro. Historia de un color enuncian otra coincidencia: tratan de conceptos prácticamente inmateriales. En El Sur, Dieter Richter nos habla del Sur como ideal y como realidad, desde el conocimiento progresivo de las tierras australes hasta el deseo contemporáneo de las playas y el sol tropical, apoyándose en las expresiones científicas y artísticas que ha tenido ese punto cardinal.
 
Las buenas ideas nos explica, con el lenguaje didáctico que caracteriza a Steven Johnson, cómo gran parte de los grandes descubrimientos de la historia de la humanidad no han sido producto de un destello milagroso, sino que sus raíces residen en el trabajo colaborativo alejado de los intereses mercantiles. Estas ideas generadas en grupo, mediante corazonadas lentas, o tras largos procesos de ensayo y error nos llevarían, entre otros muchos ejemplos, al descubrimiento de la contabilidad de doble entrada, la imprenta, los ordenadores o internet.

Finalmente, Negro recorre la historia de un color singular, símbolo, al mismo tiempo, del luto y de la elegancia. Durante largo tiempo fue excluido de la consideración como color, tanto pictórica como científica, con el nacimiento de la imprenta y las vanguardias del siglo XX vería sus épocas de esplendor y, en la actualidad adquirirá un carácter neutro, perdiendo su significado autoritario en numerosos ámbitos.


El profesor Michel Pastoreau publicó otras obras interesantes sobre el significado cromático, entre las que conviene destacar Azul, la narración de cómo ese color llegaría a ser el color europeo por excelencia. Las prácticas sociales históricas en algo tan básico como el color nos ayudan a entender su papel en el mundo contemporáneo en relación a nosotros mismos, como nos ayudarían una pértiga o un espejo retrovisor.   




Intervalo

 Imagen: DeviantArt

El calendario académico y sus circunstancias han querido que el final de año traiga consigo prácticamente un remate de curso y, el año nuevo, el comienzo de varios proyectos docentes. Durante otros doce meses este espacio ha acompañado mi trayectoria vital y profesional abriendo ventanas hacia el exterior y convirtiéndose en un lugar dónde compartir sensaciones, reflexiones y resultados.

Cuando pienso en lo que ha significado todo este recorrido me doy cuenta de que ha servido muchas veces para profundizar y ordenar ideas que me rondaban por la cabeza, otras veces para continuar y desarrollar temas que surgían en una conversación o en una clase pero, sobre todo, para conocer a magníficas personas que, sin existir este lugar de intercambio, hubiera sido imposible descubrir.

Vosotros sois los que justificáis dedicar, cada cierto tiempo, una pausa a recordar, a escribir, a compartir... En una sociedad que persigue el reconocimiento de la divulgación a través de índices de calidad y méritos acreditados resulta difícil argumentar el «escribir por escribir». Bien, pues aquí seguimos otro año más. Y por eso he querido finalizar este año con quince entradas, una por cada seguidor presente –aunque sé que sois muchos más los ausentes–, y desearos a todos lo mejor para el año que empieza.

Termino con una anécdota recogida en el libro Bibliotecas llenas de fantasmas de Jacques Bonnet una de las mejores lecturas del año que termina–: En 1932, el escritor Fernando Pessoa se presentó a un concurso para ocupar el puesto de bibliotecario de un museo de Cascais. Acompañando a la documentación solicitada adjuntó una carta que finaliza de la siguiente manera: 

...Salvo aquello que de competencia e idoneidad está implícito en los diplomas indicados como motivo de preferencia en los distintos párrafos del reglamento, y que ha sido por lo tanto demostrado mediante los documentos presentados en respuesta a cada uno de estos párrafos, ni la competencia ni la idoneidad son susceptibles de ser justificadas mediante pruebas documentales: comprenden elementos como el aspecto físico o la educación que por definición son imposibles de demostrar con documentos.

Cascais, a 16 de septiembre de 1932, Fernando Nogueira Pessoa


Por supuesto, la sinceridad de Pessoa no convenció al jurado.
Feliz 2011.



Madrid revisitado


En el año en que se publicaba El Viajero Subterráneo, el Metro de Madrid estrenaba señalización por colores.

Acabo de regresar de una de mis ciudades favoritas: Aunque sea a pesar del caluroso clima estival y de la huelga de Metro que tuvo lugar estos días, Madrid me sigue fascinando tanto como la primera vez que la recorrí siendo niño. La ciudad y sus circunstancias: Los grandes carteles conmemorando el centenario de su arteria más popular junto a las entradas de acceso al subterráneo bloqueadas.

Durante el viaje tuve de acompañante un libro del antropólogo Marc Augé titulado El metro revisitado. En el año 1982, Augé publicó El viajero subterráneo. Un etnólogo en el metro. Ahora, casi treinta años después, observa de nuevo el mismo medio de transporte, en su caso de la ciudad de París, que sigue usando todos los días para los desplazamientos más habituales.

En el texto aclara que no se trata de un retorno propiamente dicho, "sino más bien de una parada, de una pausa, de una mirada retrospectiva para intentar hacer un balance, como hacemos todos de vez en cuando, para asombrarnos, en términos por fuerza demasiado convencionales, de la velocidad con que ha pasado el tiempo, o para interrogarnos sobre lo que ha podido ocurrir".

"Porque lo asombroso, -continua Augé- con el cambio, no es que haya tenido lugar, sino que nosotros no nos hayamos dado cuenta: éste se ha impuesto tan naturalmente que hoy tenemos una necesidad de las huellas del pasado, evidencias del ayer convertidas en más o menos obsoletas, para admitir su realidad y tomarles su medida."

La ausencia forzada de los trayectos de Metro en mi último viaje, acompañado de las reflexiones de Augé me ha llevado a pensar en todo aquello que se suma al simple tránsito y que es, en definitiva, la esencia de la ciudad: sus sonidos, sus cartografías superpuestas, su capacidad para convertirse en múltiples escenarios... todo eso son los detalles, las circunstancias, que hacen recordar una ciudad.



Feliz Década



Cuando escribía el texto anterior recordaba aquel viaje a Berlín realizado a comienzos de esta década, dónde tan sólo algunos de mis compañeros llevaban una cámara digital. Hoy es raro ver a un viajero sin estar acompañado por su cámara digital, e incluso muchos portamos una diariamente, incorporada en nuestro teléfono móvil.

En una conferencia reciente, Jordi Pons, director del Museo del Cine de Girona, comentaba que la creación y difusión audiovisual, algo hasta hace poco tiempo reservado a unos pocos, está hoy al alcance de todos. Muchos adolescentes disponen de teléfonos móviles con los que pueden grabar vídeos, editarlos y publicarlos gratuítamente en internet, sin embargo la educación que se imparte en los colegios e institutos no contempla una formación adecuada en estos campos. ¿Cuántos jóvenes andan hoy con un lápiz o un bolígrafo en el bolsillo y cuántos con un teléfono móvil?

Esta semana, al entregar una maqueta en imprenta para su publicación, mantuve una breve conversación acerca del auge del libro electrónico como regalo durante estas fiestas. Entre otros asuntos, comentamos lo irónico que supone que un libro digital simule el paso de las páginas con una sencilla animación. Poco después me enteré de que la tienda virtual Amazon había vendido, por primera vez en su historia, más libros electrónicos que libros físicos durante los días previos a Navidad.

En un capítulo de Nuestra Señora de París, Víctor Hugo reflexionaba sobre los cambios que el gran invento de Gutenberg producía sobre la sociedad y la cultura de su tiempo. "El libro matará al edificio" presuponía el archidiácono de Notre-Dame cuando la nueva Biblia impresa comenzaba a subtituir a la Biblia de piedra, esa Biblia material que, junto con la oral, eran las únicas que el mundo conocía y entendía.

Varios siglos después, ni el libro ha matado al edificio, ni otros han matado al libro. Si hace quinientos años experimentamos los efectos de la reproductibilidad técnica, ahora estamos comenzando a sentir las repercusiones de la imparable reproductibilidad electrónica, y los próximos diez años seguirán trayendo muchos cambios en este sentido. Será interesante vivirlos y compartirlos.



Tres años


"I think learning to draw is a discipline. It teaches you to look, and it teaches you to understand so much about life, and even people who say they can't draw can be taught to draw to please themselves."
POSSY SIMMONDS

Estos días, dentro del salón Viñetas desde o Atlántico, he estado con la ilustradora inglesa Possy Simmonds, colaboradora de The Guardian, dónde ha publicado obras como la genial Tamara Drewe empleando una peculiar manera de contar historias, en las cuales la narración gráfica se combina con diferentes formas de expresión actuales: notas manuscritas, fragmentos mecanografiados, titulares y recortes de todo tipo de prensa, mensajes de móviles, correos electrónicos, redes sociales..., configurando un maravilloso compendio de las diversas maneras que el ser humano tiene hoy de comunicarse y reflejando el poder que esas técnicas tienen hoy en nuestras vidas.

Hace tres años, por estas mismas fechas, escribía las primeras entradas de este blog, creando también un nuevo modo de comunicarme con vosotros. Su título, como ya comenté con anterioridad, venía motivado por una expresión mitológica que casualmente había escuchado en varios ámbitos diferentes durante esos días. Quería aprovechar este aniversario -y el dibujo de Simmonds que ilustra esta entrada- para agradecer a navegantes casuales, lectores, comentaristas, seguidores..., su presencia y el tiempo que han dedicado a este blog, pues son ellos -vosotros- los que le dan sentido.

En alguna ocasión me han pedido que clasificara la temática principal de este espacio. No me gustan las categorías e incluso las etiquetas de entradas tardaron mucho tiempo en aparecer. Aunque inicialmente estaba vinculado a temas de arte y arquitectura, hoy sería difícil e inconveniente ubicarlo sólo en torno a eso. Tres años después sólo tiene sentido como diario de experiencias e impresiones personales, como un cuaderno de bitácora de un viaje al que, espero, le quede un largo recorrido.





Leicester Square


En una librería londinense ojeo el libro Le Corbusier and Britain. El librero me pregunta si me gusta Le Corbusier. "¿No le gusta a todos los arquitectos?", le digo. "Algunos pensaban que estaba loco, sobre todo por sus reformas para París", me responde. A pocos metros de allí, en Leicester Square, unos grandes carteles anuncian la futura remodelación de la plaza. En ellos se expone el proyecto previsto y se pide a los ciudadanos su participación mediante una consulta pública. Más tarde, en el metro, observo a un niño leyendo la novela en que se basa una película expuesta también en grandes carteles en la misma plaza y pienso lo que significa ser una gran ciudad no sólo en términos cuantitativos.