En mi fin está mi principio

Olafur Eliasson: Addis compass (2016)

Para poder ser quien aún no eres
debes seguir el sendero en que no estás.
Y sólo sabes lo que ignoras
y lo que no tienes es lo que tienes
y estás donde no estás.

El 17 de agosto del año 2006 publiqué la primera entrada de este blog. Un mes antes había terminado la carrera y encont este lugar para escribir sobre aquellos temas que me interesaran, creando un cuaderno personal y público a la vez donde comunicar noticias, apuntes e inquietudes. De algún modo, quería seguir descubriendo y aprendiendo.

Con el tiempo fue transformándose, ampliándose, mudando de aspecto... cambiando como la propia vida. Paralelamente fueron surgiendo otros espacios y ocasiones dónde escribir. Ahora, diez años después de su creación y con 180 entradas publicadas, me pareció apropiado darle término, con el deseo de que todo lo anotado quedara como testimonio de este proyecto compartido.

En varios textos anteriores traté el tema de los comienzos, un asunto recurrente en el oficio de arquitecto que siempre he considerado muy atractivo. Y, aunque pueden suceder muchos comienzos que no tengan un final, no existe un final sin un comienzo: ambos están irremediablemente ligados. Hace poco, en la defensa de una tesis que recuerdo con especial cariño, el ahora doctor recordó unos versos de T. S. Eliot que me ofrecieron una buena manera de terminar este recorrido, iniciado hace una década con otras palabras prestadas.

Lo que llamamos el principio es a menudo el fin
Y llegar al final es llegar al comienzo.
El fin es el lugar del que partimos.

T. S. Eliot, «Little Gidding», en Cuatro Cuartetos (1942)

La maqueta como arquitectura

Las viviendas de Sota en Alcudia para la exposición Compañeros de Oficio (2012)


En los primeros cursos de Arquitectura, nuestros mejores profesores de dibujo, al tiempo que nos enseñaron a construir con líneas sobre el papel, nos enseñaron a expresarnos a través de las maquetas. En ambos casos resaltaban su valor tangible, su concreción temporal y su utilidad como lugar de ensayo. Lo mismo que el boceto, la maqueta se revelaba como un excelente instrumento de análisis, representación y proyectación de la arquitectura.

Acompañé la presentación de mi proyecto fin de carrera con dos maquetas: una recogía el entorno inmediato al edificio, y había sido una pieza de trabajo presente desde los primeros croquis, recibiendo la evolución del proyecto. La segunda, que explicaba el interior y los espacios exteriores más próximos, fue elaborada por dos compañeros que ya entonces tenían una amplia experiencia en la construcción de arquitecturas a escala. Poco después decidimos montar un estudio juntos.

Recuerdo con mucho agrado aquellos años. Fue un tiempo de aprendizaje intenso, contínuo y, sobre todo, compartido. Muchos concursos, algunos encargos, y aquellas maquetas que seguían a nuestro lado. Había largas charlas y discusiones sobre cada material, cada junta, cada posibilidad. Aquellos profesores que nos habían enseñado buscaban ahora maquetistas especializados, y así fueron apareciendo trabajos mayores: exposiciones, restauración de maquetas, conferencias... El aprendizaje se había convertido en un oficio. Y ellos en unos maestros.

Hace poco trabajaron en la exposición de otro maestro. Me hablaron de todo lo que habían aprendido a su lado. Pensé que el cuidado por el detalle, el mimo y la precisión con la que empezaron a colaborar años atrás seguía presente, y que no dependía de la escala de la arquitectura. Después de varios años seguían trabajando con la misma ilusión, y seguían con las mismas ganas de aprender.

Durante estos últimos meses estuve recopilando imágenes para la exposición Cámara y modelo. Fotografía de maquetas de arquitectura en España, organizada como parte del proyecto de investigación FAME. En la introducción del catálogo, el comisario Iñaki Bergera escribió: «La maqueta, grande o pequeña, es la celebración anticipada, escultórica, física y material, de la idea de proyecto. Las arquitecturas de bolsillo, a escala, juegan a ser reales, a transformar lo irreal en realidad». Probablemente esta nueva etapa entre maquetas haya traido los recuerdos de aquella anterior, tan viva en esas pequeñas grandes arquitecturas.

Graduación


«Soledad era independencia, yo me la había deseado y la había conseguido al cabo de largos años. Era fría, es cierto, pero también era tranquila, maravillosamente tranquila y grande, como el tranquilo espacio frío en que se mueven las estrellas.»
Herman Hesse, El lobo estepario

Vivir los años como cursos conduce a relaciones extrañas con el tiempo. La magia de los comienzos se diluye en su mecánica repetición: las mismas formas, las mismas dudas, los mismos procesos que garantizan su continuidad. Solo en ocasiones aparece un gesto, una sonrisa, una timidez imprevista que desata la grandeza del universo que nace.

Resulta fascinante recorrer —con la melancolía de la retrospectiva— esos «pequeños grandes» universos: cada tutoría, cada encuentro, cada dibujo. Se construyen con la incertidumbre y lo inesperado, con las recomendaciones y las discusiones, con el entusiasmo y la ausencia. Se atesoran como los libros —propios y prestados— más queridos de la biblioteca.

Y más allá de los vestigios conservados en carpetas, la mayor riqueza es la propia vivencia, lo que ha permitido alejarse de las pautas y los presentimientos; lo que ha permitido descubrir, aprender y compartir juntos; lo que hace cada universo único e irrepetible. Ahora llega la emoción del final, donde se mezcla la alegría festiva del triunfo con la amargura de las despedidas. 

La belleza de ese universo, creado y perdido, permanece intacta, mientras el tiempo, con su extrañeza, sigue su curso. Como un sueño, como un suspiro, se desvanece... o permanece, como esa canción imborrable en la memoria, tan hermosa y sincera que sigue sonando eternamente, acompañando hasta un nuevo comienzo.

Sobre Sota

Pabellón de deportes de Pontevedra (Camilo Gómez. Archivo gráfico Diario de Pontevedra)

Con motivo del vigésimo aniversario de la muerte de Alejandro de la Sota, he escrito para Veredes el texto «La necesidad de maestros», dónde se van recorriendo década a década, desde los años sesenta hasta la actualidad, una serie de momentos que nos introducen en el magisterio sotiano.

A diferencia de otros artículos previos, más breves, he querido ensayar con una extensión mayor, evitar los nombres propios —más allá del homenajeado— y alternar los episodios conocidos con unas ideas generales acerca de la importancia —y de la necesidad— de los maestros.

El texto se acompaña de la foto realizada al arquitecto por Xurxo Lobato para su serie de retratos y entrevistas «Galegos na escaleira» que, en el caso de Sota, alcanza una especial relevancia, recordándonos el papel de la escalera como objeto esencial de proyecto en toda su obra.

Puede leerse aquí.

Centenarios


Esta semana he participado en el ciclo de conferencias En el centenario de los maestros, organizado por el Departamento de Composición de la Universidade da Coruña y planteado como homenaje al cumplirse cien años desde el nacimiento de varios de los más significativos protagonistas de la arquitectura española del siglo veinte. 

A lo largo de ocho lecciones, se hizo un recorrido por la experiencia arquitectónica que se inicia superada la Guerra Civil y finaliza en la década de los ochenta, siguiendo un temario en el que se cruzaron experiencias y autores, abandonando discursos monográficos y centrando el enfoque, de modo fundamental, en la relación entre procedimientos constructivos y expresividades arquitectónicas.

Mi intervención llevó por título «Conexiones periféricas. La arquitectura moderna de Galicia a través de los maestros». Tomando como base la investigación realizada previamente sobre la recuperación de la modernidad en la arquitectura gallega, opté por plantear tres ejes temáticos: el desarrollo industrial y la arquitectura, la renovación de la fachada urbana y la transformación del edificio escolar, señalando en cada caso los principios, autores y obras más significativos y destacando el peso que tuvieron algunos de los arquitectos centenarios, como Alejandro de la Sota, Miguel Fisac o Fernando Moreno Barberá.

El ciclo supuso la ocasión para, más allá de saber quiénes fueron estos maestros, conocer la herencia que nos ha hecho ser como somos. En ese sentido, pudimos recordar el texto de Alejandro de la Sota dónde afirmaba: «Mies, como los destacadísimos arquitectos de principios de siglo, fueron, afortunadamente, nuestros grandes maestros. Con cinco o seis de ellos llenamos, yo al menos, las ansias de hacer arquitectura con algún fundamento verdaderamente serio. Estos grandes maestros no son para copiar, como tantos de una manera ligera han creído, sino que son para entender».

Imagen: Alejandro de la Sota. Hotel para una familia en Galicia (RNA 101, 1950)

Nueve artículos y un curso



Con «Epílogo» se cierra la serie iniciada hace nueve meses para Veredes, una experiencia paralela a un curso académico dónde se recogen reflexiones breves sobre el significado de la modernidad en arquitectura acompañadas de una palabra y una imagen introductoria.

Cómo comenté al inicio del proyecto, se trataba de generar —de algún modo—, una historia nueva a través de fragmentos, con la arquitectura como protagonista, y su desvelo a través de imágenes, textos —e hipertextos— que invitan a nuevas conexiones y descubrimientos. Precisamente, «Epílogo» recuerda la necesidad de los desenlaces, y cómo estos pueden dar lugar a nuevo conocimiento, en un proceso abierto y dinámico, convirtiéndose así en el anhelado remate de curso.

La arquitectura, aún aprendida, siempre deja algo por conocer, no se agota en las palabras. Las intersecciones compartidas permiten desvelar el camino de la formación personal a la que cada uno quiera llevar su aprendizaje. Ahora, observando la serie ya concluida, resulta interesante su lectura en continuidad, poniéndola en paralelo al recorrido del curso académico que finaliza —tan especial para mí—, dónde las metas alcanzadas se vuelven tan importantes cómo las travesías que comienzan.

Todos los textos pueden consultarse en la página de Veredes y también son accesibles desde la sección «Artículos» de este blog.

Dónde

 

A lo largo de esta semana han coincidido la finalización del curso de Introducción a la Arquitectura, el inicio de una etapa de trabajo de investigación —que me alejará de aquí unas semanas— y una nueva participación en el Master de Arquitectura del Paisaje de la Fundación Juana de Vega, dentro de la asignatura Paisaje Cultural.

Unos meses antes, preparando la página de esa asignatura opté, en esta edición, por presentarla con una fotografía de Robert Adams, perteneciente a la serie «Escuchando al río», con la sorpresa de encontrarme, poco antes del comienzo de las clases, con la inauguración de la exposición del mismo autor en el Museo Reina Sofía, titulada convenientemente El lugar donde vivimos.

A través de su mirada sobre los lugares vividos del oeste americano, nos descubre auténticos paisajes culturales de nuestro tiempo, dónde el ambiente cotidiano —el supermercado, el quiosco, la gasolinera...— convive con duras transformaciones sobre la naturaleza y el territorio. Paisajes analizados de modo magistral por el filósofo —contemporáneo  de Adams— Edward S. Casey:

Aunque retiremos añadidos culturales o lingüísticos, nunca encontraremos, debajo, un lugar puro y aún menos un Espacio o Tiempo puro. Lo que encontraremos son calificaciones continuas y cambiantes sobre los lugares particulares: lugares calificados por sus propios contenidos y calificados por las distintas maneras en que estos contenidos son articulados (indicados, descritos, discutidos, narrados, etc...) en una cultura determinada.

Descifrar y analizar la huella de esa cultura en nuestros paisajes autóctonos, sobre todo en aquellos que se han convertido en lugares de oportunidad, como sucede con los paisajes industriales en desuso, se convierte en una actividad atractiva y necesaria para hacer de esos paisajes patrimonio y proyectarlos hacia el futuro. Así lo hace Adams con su cámara y así lo hacen otras interesantes miradas próximas sobre nuestro territorio, desvelando con maestría su identidad y su memoria.

El catálogo de la exposición lleva el sugerente título de ¿En qué creer y dónde?. Siguiendo la clave proporcionada por el poeta Theodore Roethke: «Veo lo que creo», Adams se pregunta: «¿Qué es lo que nuestra geografía nos lleva a creer? ¿En qué nos permite creer?» y, sobre todo, «¿Qué obligaciones, si las hay, se derivan de nuestras creencias?». Para responderlas se hace necesario, como punto de partida, descubrir y recorrer ese «dónde». 

Imagen: Robert Adams, Pikes Peak, Colorado Springs, Colorado (1969)

Una silla con cintas de cuero


En la muestra sobre dibujos y pinturas de Jesús de la Sota realizada recientemente en la galería José de la Mano se exhibía también una butaca con cintas de cuero reconvertida en el anuncio de la exposición hacia el exterior, al colocarse en uno de los ventanales. Así, quien recorriera esos días la madrileña calle Claudio Coello podía detenerse a observar la pieza que, aún sin estar acompañada por otras piezas de mobiliario en el interior, condensaba perfectamente las ideas presentes en la obra gráfica de su autor.

Antes de la llegada del Espacio Europeo de Educación Superior y de sus tiempos fugaces y fragmentarios, solíamos finalizar el curso académico con un viaje de despedida. Una última visita o recorrido conjunto de profesores y alumnos dónde, de un modo simbólico, se cerraban los libros y se abría una nueva etapa.

Este año, al impartir una asignatura del segundo cuatrimestre, he podido plantear una experiencia similar, acudiendo con los alumnos a visitar la exposición El asiento como arquitectura. La arquitectura como asiento, en el Centro Torrente Ballester de Ferrol.

La reunión de una serie de diseños clásicos, acompañada de un conjunto de textos que reflexionan sobre el asiento ha permitido el descubrimiento y el valioso aprendizaje que tiene lugar —casi siempre— fuera de las paredes de un aula. Esos objetos cotidianos, trasladados temporalmente a la galería o al museo, logran que nos detengamos por un momento a pensar sobre su razón y ser; a escuchar una última lección.

Cuando Walter Benjamin dedica a la arquitectura popular española alguno de sus textos de la Serie Ibicenca, también se detiene al observar unas sillas: «Tal como se presentan estas sillas, siempre tan modestas en su forma, pero con su visible trenzado de belleza llamativa, permiten comprender algunas cosas. Ningún coleccionista podría exponer en las paredes del vestíbulo unas amplias alfombras de Isfahán ni tampoco los cuadros de Van Dyck, con mayor convicción que los campesinos exponen estas sillas en el zaguán vacío de su casa».

Como Benjamin, la sorpresa en la calle, la mirada que analiza y descubre, que proyecta hacia el futuro, se convierte en el mejor recuerdo de un curso que termina, y en su valiosa herencia.

Panoramas periféricos


Esta semana se celebró en la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra el Congreso Internacional de Historia de la Arquitectura Moderna Española que, en su octava edición, llevó por título Las revistas de arquitectura (1900-1975): crónicas, manifiestos, propaganda.

Con el trabajo «Galicia, panorama periférico. La recuperación de la modernidad como presencia y ausencia en las revistas de arquitectura» —realizado en colaboración con José Ramón Alonso— he tenido la oportunidad de aportar parte de la investigación realizada para mi Tesis Doctoral, analizando las difíciles relaciones entre la segunda modernidad gallega y las revistas de arquitectura.

Cuando, en el año 1971, la revista Hogar y Arquitectura dedica un número a un territorio periférico, con el título «Panorama de la arquitectura actual en Galicia», ofrece el proceso de recuperación de la modernidad gallega como un hecho ya concluido, con una región repleta de ejemplos. Sin embargo, el análisis de la difusión sobre el papel de las obras precedentes se convierte en una historia de notables ausencias.

Aún sin estar apoyado desde revistas propias o seguido pormenorizadamente por las publicaciones nacionales, como sucede en otros territorios peninsulares, la recuperación de la modernidad en Galicia es un proceso rico en autores y obras, que trasciende su condición periférica y adquiere un valor propio y característico.

Será precisamente cuando Galicia haya completado el proceso de recuperación de la modernidad cuando reclame para sí una revista propia, como un vehículo de difusión que acompañe a la creación de su Colegio de Arquitectos regional, papel que recaerá en la publicación Obradoiro, a partir de la década de los setenta. 

A esta primera revista gallega se sumará años después el Boletín Académico, generado desde la Escuela de Arquitectura de A Coruña. Esta publicación ha iniciado recientemente una segunda época como revista digital, manteniendo viva la idea de que las ausencias se hagan presencias continuadas, rigurosas y eficaces en la tarea de construir y difundir la modernidad en Galicia y desde Galicia.

Actualización 9/5/2012: Enlace al documento completo

Imagen: Galerías de la Marina (A Coruña). Fotografía publicada en la revista Arquitectura 117 (1968)

BAc 2


Se ha publicado el segundo número de Boletín Académico. Revista de investigación y arquitectura contemporánea, dando continuidad al proyecto iniciado hace un año con la adaptación de la revista a los medios de comunicación actuales y a los requisitos demandados por las publicaciones científicas contemporáneas.

Junto a otros interesantes artículos, se recoge mi investigación sobre la recuperación moderna en la arquitectura de las Casas Sindicales de Lugo y Betanzos, que se puede leer en el enlace correspondiente y cuyo resumen es el que sigue:

En el proceso de recuperación de la modernidad en Galicia la arquitectura institucional tiene un papel fundamental, pues supone la integración de los principios modernos con los intereses y la identidad colectiva. Las Casas Sindicales de Lugo y Betanzos (1959-1961), proyectadas por Rodolfo Ucha Donate constituyen dos de los primeros ejemplos materializados de este proceso, dónde la institución encuentra unas respuestas arquitectónicas que atienden a los aspectos metodológicos y constructivos propios de su época, al tiempo que recogen invariantes de la construcción tradicional gallega.

La revista también incluye la reseña del libro Las Universidades Laborales gallegas. Arquitectura y modernidad, realizada por Silvia Blanco, a quién quiero agradecer expresamente su crítica y la colaboración con este proyecto desde su primer número.

En definitiva, se trata —cómo indica la editoral de la revista— de «hacer un registro continuado, riguroso y eficaz de la investigación universitaria que ofrece nuestro presente para que, a través del conocimiento compartido, seamos capaces de construir mejores futuros».

Orfandad

I. DÍAZ PARDO, Muller que se propón facer o que di Confucio, (2004)

Ultimamente nos dejan muchos, y de los buenos: Joaquín, José Antonio, Gerardo... y hoy Isaac.

Aunque nunca llegamos a conversar, la noticia de su fallecimiento llega estudiando su trabajo, revisando su único y gran proyecto —como los medios se han apurado en recordar— que siempre fue Galicia. Al dejarnos una persona como Isaac, otras palabras sobran. Basta sólo con citar algunas de las suyas:

Nunca fui persona violenta. Tampoco conformista. Había que combinar prudentemente la dignidad y el compromiso con los ideales.

Entrevista en El Correo Gallego, 10.12.2011 

Pero a mí no me gusta hablar de estas cosas; hay que recordarlas, pero no pueden interrumpir el futuro. Es necesario recuperar la memoria, porque lo que se hace sin memoria constituye un mundo falso. Pero eso no quiere decir que deba haber una revancha. ¡Se recupera la memoria para que todo quede en su sitio!

Entrevista en El País, 27.11.2006 

Sabemos más del neolítico gallego que de la historia que tenemos a la vuelta de cuarenta años.

Introducción a la serie «Documentos para la historia contemporánea de Galicia» de Ediciós do Castro.

Cuando, a finales de los sesenta, la arquitectura moderna perdió a sus grandes maestros, Alejandro de la Sota escribió un artículo que tituló «La grande y honrosa orfandad» y que terminaba diciendo:

No fue de su época y es de quienes ahora trabajen en serio el profundizar en la terrible diversificación de esfuerzos pequeños y mezquinos con resultados tan grandes en mezquindad y pequeñez; con la paz de los maestros que se fueron y que tuvieron, pensemos en ello, sabiéndonos honrosos huérfanos llenos de posibilidades con su recuerdo; como antes ellos, hoy los que sigan y con nuestras «crisis».

Alejandro de la Sota: «La grande y honrosa orfandad». Arquitectura 129, septiembre de 1969

En una de las últimas entrevistas que concedió Isaac, a la pregunta de cómo contemplaba el pasado, respondió: 

Ya no tengo tiempo para mirar hacia nada de aquello... Tengo tantas cosas encima de la mesa y tanto que mirar del presente…

Entrevista en El Correo Gallego, 10.12.2011 

Aún huérfanos, seguiremos recordando.

La ciudad invisible

Esta semana —coincidente con la celebración de la Semana de la Arquitectura en Coruña— he tenido la oportunidad de participar en el II Ciclo de conferencias sobre restauración del patrimonio arquitectónico organizado por el Departamento de Composición de la Universidade da Coruña. 

Esta segunda edición tenía como tema «La ciudad histórica», y homenajeaba al profesor Fernando Chueca Goitia al cumplirse cien años de su nacimiento. Los inivitados Ferdinando Maurici y Fernando Branco nos han hablado de las ciudades islámicas en Sicilia y Portugal respectivamente, mientras que Pedro Navascués y José Ramón Alonso nos han recordado la relevancia de Fernando Chueca como arquitecto, como docente y, sobre todo, como persona.

En las conferencias de inauguración y clausura, el catedrático José Ramón Soraluce y yo hemos explicado la problemática de la ciudad histórica en dos casos gallegos: Allariz y Betanzos, para completar este último con una visita en la jornada final y poder observar in situ las diferentes actuaciones.

En mi intervención he señalado que, a diferencia de otros ponentes, no he conocido personalmente a Fernando Chueca, sin embargo, me considero un discípulo suyo a través de dos vías: primero, por la influencia de sus trabajos —de los que siempre destaqué su carácter profundamente didáctico— y segundo, mediante mis profesores, que han sido a su vez discípulos directos de Chueca y así lo han querido reconocer abiertamente a lo largo de sus clases.

Durante la ponencia, presenté la ciudad histórica como un patrimonio vivo; un patrimonio al que le afectan los problemas de los ciudadanos que demandan la ciudad sobre la historia, y que, al mismo tiempo, posee sus propios conflictos, inherentes a su condición de historia y con los que los ciudadanos deben convivir diariamente.

Considerando el patrimonio como algo vivo, conviene recordar los tres tiempos en los que Séneca dividía a la vida y trasladarlos al concepto del patrimonio: Pasado, presente y futuro. «De éstos, —decía Séneca— el presente es brevísimo; el futuro, dudoso; el pasado, cierto». El patrimonio posee también esos tres momentos, cada uno con su problemática diferenciada pero complementaria: El pasado supone el problema de la conservación, de saber recibir adecuadamente aquello que nos legan las generaciones precedentes. El presente supone el problema del mantenimiento, del uso, de la acción inmediata. El futuro supone el problema de decidir nuestro propio legado, y también aquello que, como arquitectos, nos toca más próximos: el problema del proyecto, de prefigurar su existencia venidera.

Terminé mi intervención con la invitación a la visita del día siguiente, una invitación tomada de Las Ciudades Invisibles y, con permiso de Calvino, modificando el nombre de la protagonista. Esa invitación finalizaba con el siguiente texto: «Para no decepcionar a los habitantes hace falta que el viajero elogie la ciudad de las postales y la prefiera a la presente, aunque cuidándose de contener dentro de límites precisos su pesadumbre ante los cambios: reconociendo que la magnificencia y prosperidad de Brigantia convertida en metrópoli, comparada con la vieja Brigantia provinciana, no compensan cierta gracia perdida, que sin embargo se puede disfrutar ahora sólo en las viejas postales, mientras que antes, con la Brigantia provinciana delante de los ojos, de gracioso no se veía realmente nada, y mucho menos se vería hoy si Brigantia hubiese permanecido igual, y que de todos modos la metrópoli tiene este atractivo más: que a través de lo que ha llegado a ser se puede evocar con nostalgia lo que fue».

El catedrático




Cuando le conocí, yo era estudiante. Habíamos acudido a la Facultad de Farmacia de Santiago para reunirnos con él y preguntarle sobre las características de los suelos del área dónde nos habían planteado un ejercicio de urbanismo. Recuerdo que nos recibió en el laboratorio, trabajando junto a sus alumnos. Nos dedicó su tiempo, resolvió nuestras dudas, nos aportó abundante documentación y referencias y se ofreció para atendernos en cualquier consulta futura.

Años después he vuelto a recurrir a él, ahora a través de sus escritos sobre el paisaje gallego, para preparar una asignatura que he impartido. Sus trabajos son herederos de los estudios paisajísticos que comenzaron en los años cincuenta en torno al Seminario de Estudos Galegos, con la figura de Ramón Otero Pedrayo como referente, y que tendrían amplia continuidad y desarrollo en otros humanistas como Francisco Río Barja.

Mediante obras como «A cuestión ambiental en Galicia» o sus aportaciones en «Olladas críticas sobre a paisaxe» se comprende su visión erudita, ilustrada y profundamente documentada, que es capaz de transmitir a través de escritos amenos y didácticos. Al releerlos me encontré de nuevo con su capacidad y calidad docente, tan próxima por medio de su obra como en el trato personal en sus clases.


Boletín Académico

Imagen: Daniele Sartori (Flickr)

Desde principios de marzo está disponible el número 1 de Boletín Académico. Revista de investigación y arquitectura contemporánea, editada por la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de la Universidad de A Coruña. He tenido la oportunidad de participar en el proyecto de la revista desde su origen, formando parte del Comité Editorial junto a Mercé Gambús Saiz y Esteban Fernández Cobián.


Se trata de una publicación digital cuya temática abarca todas las áreas de conocimiento que están presentes en las escuelas de arquitectura españolas, si bien los artículos referencian sus aportaciones teóricas a ejemplos de arquitectura contemporánea. La periodicidad es anual, y los artículos se reciben durante el mes de octubre. La evaluación de los artículos sigue el criterio habitual de los dobles ciegos, y la participación y la descarga son absolutamente libres. Se puede consultar en su sitio web.



Kahn / Komendant




En el último capítulo del libro 18 años con el arquitecto Louis I. Kahn, el ingeniero August Komendant recuerda los años en los que que ambos coincidieron como profesores en la Universidad de Pennsylvania. Allí, Kahn planteaba los proyectos de curso del siguiente modo: «No había programa, tan sólo se daban algunos datos referidos a las necesidades y un plazo de entrega. Los estudiantes tenían mano libre para elaborar sus propios programas y establecerse un calendario».

Kahn consideraba la universidad la institución más importante de la ciudad: «Su crecimiento y calidad, es la medida de la ciudad, y se hará sentir en el funcionamiento, las actitudes y la moral. Hoy en día, los intereses y los deseos de los profesionales se han extendido y diversificado en gran medida, pero no hay ningún lugar en donde los profesionales de los distintos campos se puedan reunir y hacer públicas sus opiniones».

Komendant insiste en la relevancia que debería tener la universidad dentro de la sociedad y defiende dos aspectos fundamentales en cualquier actividad profesional, y especialmente en la enseñanza: el conocimiento y la inspiración. «El conocimiento es la suma de verdades o hechos acumulados y sistematizados en el curso del tiempo; la inspiración engendra el pensamiento, el sentimiento y el espíritu, y guía o controla la acción. [...] En una universidad, una institución para el aprendizaje superior, el conocimiento tiene un significado más amplio; incluye, además del conocimiento fáctico, la comprensión de lo que significan las verdades y los hechos. Se debe enseñar y preparar al estudiante para que piense por sí mismo».

Al ingeniero le llamaba la atención la dedicación que Kahn otorgaba a la universidad, a pesar de lo apurada que era su situación económica y de la presión de los plazos que tenía en su estudio profesional. Kahn siempre estaba alegre y animado en sus clases. Y cuando Komendant le preguntaba cómo era capaz de conseguirlo, le respondía: «Cuando estoy con mis alumnos y les enseño arquitectura, soy feliz y me olvido de todo lo demás».



Intervalo

 Imagen: DeviantArt

El calendario académico y sus circunstancias han querido que el final de año traiga consigo prácticamente un remate de curso y, el año nuevo, el comienzo de varios proyectos docentes. Durante otros doce meses este espacio ha acompañado mi trayectoria vital y profesional abriendo ventanas hacia el exterior y convirtiéndose en un lugar dónde compartir sensaciones, reflexiones y resultados.

Cuando pienso en lo que ha significado todo este recorrido me doy cuenta de que ha servido muchas veces para profundizar y ordenar ideas que me rondaban por la cabeza, otras veces para continuar y desarrollar temas que surgían en una conversación o en una clase pero, sobre todo, para conocer a magníficas personas que, sin existir este lugar de intercambio, hubiera sido imposible descubrir.

Vosotros sois los que justificáis dedicar, cada cierto tiempo, una pausa a recordar, a escribir, a compartir... En una sociedad que persigue el reconocimiento de la divulgación a través de índices de calidad y méritos acreditados resulta difícil argumentar el «escribir por escribir». Bien, pues aquí seguimos otro año más. Y por eso he querido finalizar este año con quince entradas, una por cada seguidor presente –aunque sé que sois muchos más los ausentes–, y desearos a todos lo mejor para el año que empieza.

Termino con una anécdota recogida en el libro Bibliotecas llenas de fantasmas de Jacques Bonnet una de las mejores lecturas del año que termina–: En 1932, el escritor Fernando Pessoa se presentó a un concurso para ocupar el puesto de bibliotecario de un museo de Cascais. Acompañando a la documentación solicitada adjuntó una carta que finaliza de la siguiente manera: 

...Salvo aquello que de competencia e idoneidad está implícito en los diplomas indicados como motivo de preferencia en los distintos párrafos del reglamento, y que ha sido por lo tanto demostrado mediante los documentos presentados en respuesta a cada uno de estos párrafos, ni la competencia ni la idoneidad son susceptibles de ser justificadas mediante pruebas documentales: comprenden elementos como el aspecto físico o la educación que por definición son imposibles de demostrar con documentos.

Cascais, a 16 de septiembre de 1932, Fernando Nogueira Pessoa


Por supuesto, la sinceridad de Pessoa no convenció al jurado.
Feliz 2011.



Nostalgia




Hoy he estado hablando sobre libros con una alumna durante un buen rato. Mientras duró la conversación me pareció algo normal, casi cotidiano. Pero, al poco de terminar, me he dado cuenta que hacía mucho tiempo que no mantenía una charla sobre libros con alumnos. Ni cortas ni largas, las únicas menciones se reducían a recomendaciones puntuales sobre bibliografía, a algún texto canónico en clase o, como mucho, a alguna lectura personal que hubiesen realizado.

Por eso me sorprendió la originalidad del diálogo. En él hablamos de la cantidad de libros que existen y de las múltiples posibilidades para llegar a ellos, hablamos de bibliotecas y de librerías, hablamos de problemas de almacenamiento, de préstamo, de conservación... y hablamos de todo ello considerándolo un tema común, cuando en la realidad contemporánea no es tan habitual como se podría suponer.

Curiosamente hoy mantuve otra conversación acerca de las ediciones de algunos volúmenes clásicos y de la dificultad para llegar hasta ellos. Son libros que se han convertido en objetos con historia y memoria, cuyo recorrido que tiene que ver con sus autores pero también con lo que cada propietario -o lector- haya aportado al objeto: Libros que se dedican, que se heredan, que se donan, que se pierden...  

Le he pedido a mi alumna que su trabajo final trate sobre libros. Quizá por nostalgia. 



Final alternativo

Imagen: Olivier Martin-Gambier © FLC/ADAGP Fundación Le Corbusier

«A menudo acostumbro a iniciarme en tareas que no sé bien hacia dónde me llevan». Con estas palabras se inicia el libro que me ha acompañado durante los últimos días de este curso académico, titulado Intersecciones en la creación arquitectonica. Reflexiones acerca del proyecto de arquitectura y su docencia.

Conocí a su autora el pasado septiembre en unas jornadas dónde ambos, sin preveerlo, hablamos sobre la aproximación al paisaje industrial desde el cine en las miradas de Win Wenders, Andrei Tarkovski o Robert Smithson. Referencias que también reaparecen en el libro, junto a muchas otras presencias o intersecciones. Como ella  misma reconoce;
«dejándose llevar por sueños, deseos, intuiciones más que por certezas, ha sido posible dar forma y origen a este libro».

En las conclusiones, habla de la importancia de crear situaciones de aprendizaje y recuerda las palabras de Teodoro de Anasagasti, cuando dice que
«no es el mejor profesor el que más aclara los conceptos, el que más verdades inconclusas dice. El que por mejor debe ser tenido es el que enseña a observar, a inquirir; el que incita a la rebusca; el que alecciona a valerse de uno mismo; el que desenvuelve la personalidad; el que siembra el interés, el ansia de perfeccionamiento, la inquietud...»
 
Así, la autora defiende una docencia
«que permita al alumno trazar, con su propia experiencia, un camino personal de aprendizaje que le lleve a tomar conciencia del papel principal que juega en su propia formación y a reconocer que parte del aprendizaje que recibe depende de sí mismo». Creo que es una magnífica lección para un final de curso. Sólo me queda felicitarla por su trabajo y desearle que, al igual que se anhela al terminar un  año académico, la publicación de la tesis no se convierta en un final, sino en un principio de muchos otros recorridos.

La caja



  Fotografía de Luis Santalla (Página Web)


No suelo hacer comentarios sobre obras concretas aunque, por una vez y por una petición personal, haré una excepción y dedicaré unas líneas al edificio anteriormente conocido como Centro de las Artes situado en Coruña, de los arquitectos Victoria Acebo y Ángel Alonso.

Conozco el proyecto desde que se alzó como vencedor del concurso convocado para  resolver un edificio que fuera al mismo tiempo museo de la diputación provincial y conservatorio de danza. Dos entidades completamente diferentes en todos sus aspectos que, a través de una singular estrategia lograrían trabajar conjuntamente. Sus autores lo describen del siguiente modo: "Requerían un conservatorio, muy definido por la normativa y el programa, y un museo con un programa mas abierto; así que trabajamos primero sobre el programa mas determinado, abriéndolo y esponjándolo para que se entremezclase con el otro programa; y daba un poco igual cual era la forma que surgiese, lo importante era formar. Formar como la diferencia entre trabajar con lo sólido, lo concreto, lo cerrado y limitado frente a trabajar con lo abierto, difuso e imprevisible que era el museo. El conservatorio sería una forma de hormigón, y lo demás, el espacio alrededor, encima, debajo, a un lado, sería el museo, limitado por un volumen virtual de vidrio."

Hace unos años visité el edificio terminado y vacío con mis alumnos. Me sorprendí y disfruté junto a ellos al cruzar la piel de vidrio y encontrarme con el interior. Bruno Zevi explica que, a partir de un momento de la historia, se concibe el espacio arquitectónico no como término de armoniosa contemplación, sino como lugar de acción y de experiencia. Desde entonces, la autenticidad de un edificio no la puede decidir un criterio de valoración volumétrica, plástica o decorativa, sino solamente la fuerza y coherencia con la que se expresan los espacios, algo que nuestra arquitectura contemporánea parece querer ignorar, salvo contadas sorpresas como éstas.

Por aquel entonces se había decidido destinarlo a un nuevo uso: En su totalidad se dedicaría a Museo Nacional de Ciencia y Tecnología. Por una parte se habrá perdido la posibilidad de ver en funcionamiento su doble condición inicial, pero la adaptación al nuevo programa se le ha encargado a los mismos arquitectos (algo poco habitual y muy encomiable), por lo que, cuando se finalicen las obras, iré a verlo nuevamente con ojos de alumno. 


Un recuerdo final... hace algún tiempo me encontré con una pequeña instalación temporal de María Barreiro Rodríguez-Moldes en el CGAC que tenía por título Un museo para todos. Emulando uno de los primeros diálogos de El Principito, reflexionaba sobre la forma del museo moderno comenzando con la frase: "Por favor..., píntame un museo..." Después de varios intentos, rechazados por ser como un castillo, demasiado antiguo o muy deteriorado, el interlocutor pierde la paciencia y dibuja una caja: "Esta es la caja, el museo que quieres está dentro", obteniendo la ilusionada respuesta: "Así era lo que quería... ¿Piensas que visitará mucha gente este museo?".



Le Corbusier vuelve a la Escuela


A finales de la década de los noventa, alumnos y profesores de la E.T.S. de Arquitectura de Coruña prepararon una gran exposición sobre la arquitectura de Le Corbusier. Promovida por la Fundación Pedro Barrié de la Maza, "Le Corbusier. Viaje al mundo de un creador a través de 25 arquitecturas" recorrió Madrid, Barcelona, Santiago de Compostela, Palma de Mallorca, Sevilla, Granada y Amsterdam, entre otras ciudades. Después de finalizar ese largo viaje, las maquetas fueron restauradas y ahora, rebautizada como "Le Corbusier. 25+1 Maquetas para el conocimiento de una arquitectura", regresa al lugar de dónde partió como donación de la Fundación para su exposición permanente. Le Corbusier vuelve a la Escuela. Para seguir aprendiendo.